Los trinitarios proclamaron la independencia de la República Dominicana el 27 de febrero de 1844, con un trabucazo dado por Ramón Matías Mella en la Puerta de la Misericordia de la ciudad de Santo Domingo. Inmediatamente después pasaron a la Puerta del Conde, donde Francisco del Rosario Sánchez izó la bandera nacional, y donde se leyó y juró el Acta Constitutiva del Estado dominicano.
Al día siguiente, 28 de febrero, las autoridades haitianas capitularon.
La República frente al caos. Las conspiraciones.
Consolidación de la independencia.
Los primeros ataques haitianos en contra del naciente estado se produjeron a inicios del mes de marzo. Los generales Pierrot y Agustín Souffront y el mismo presidente Hérard avanzaron simultáneamente sobre las tierras dominicanas: el primero por el norte, y los otros dos por el sur.
Por su parte, la resistencia de los dominicanos se organizó en torno al mando del hatero del Seibo, Pedro Santana, los coroneles Manuel Mora y Feliciano Martínez, Ramón Matías Mella y Francisco Antonio Salcedo, Antonio Duvergé, Vicente Noble y muchos otros.
Las contiendas principales que sirvieron para consolidar al nuevo estado soberano fueron las batallas de la Fuente del Rodeo (primer encuentro armado, 11-3-1844), batalla de Azua (19-3-1844), batalla del 30 de marzo, El Memiso (13-4-1844), batalla de la Estrelleta (17-9-1845), batalla de Beller (27-10-1845), El Número (17-04-1849), Las Carreras (21-04-1849), Batalla de Santomé (22-12-1855), Batalla de Sabana Larga (último enfrentamiento con los haitianos, 24-01-1856).
Predominio político de los conservadores anexionistas.
Las fuerzas conservadoras fueron indispensables para la declaración y primer sostenimiento militar de la independencia, y demostraron ser decisivas en la política interna desde los primeros días de la República. Los representantes de los sectores económicos predominantes, con escasa fe en las posibilidades del nuevo país, pronto relegaron a la corriente nacionalista liberal encarnada en los trinitarios.
La presidencia de la Junta Central Gubernativa instaurada el 1 de marzo de 1844 cayó en manos de Tomás Bobadilla, antiguo funcionario del gobierno de Boyer, con gran prestigio entre los pertenecientes a la clase alta de la ciudad de Santo Domingo. Una de las primeras medidas de esta Junta fue la de tratar de concretar el famoso “Plan Levasseur”, por el que se obtendría la protección de Francia.
Si bien los trinitarios dieron un golpe de estado para evitar la realización del referido plan (9 de junio de 1844), los mismos no duraron mucho tiempo en el control de la situación, ya que Pedro Santana destituyó por la fuerza la Junta Gubernativa liderada por Juan Pablo Duarte, reinstalando la anterior pero con el añadido de que ahora asumiría él la presidencia.
Santana persiguió entonces a los trinitarios. Declaró traidores infieles a la patria –y desterró a perpetuidad– a Juan Pablo Duarte, Ramón Matías Mella, Francisco del Rosario Sánchez, Pedro Alejandrino Pina Gregorio del Valle, Juan Evangelista Jiménez, Juan José Illas y Juan Isidro Pérez.
El triunfo de la tendencia conservadora durante esta primera etapa de la República quedaría consagrado en el texto de la primera Constitución dominicana.
Constitución del 6 de noviembre de 1844.
Fue la primera Carta Magna que se dio la República Dominicana. También se le llama la Constitución de San Cristóbal, dado que fue allí donde se redactó y sancionó. Aunque en principio establecía la separación de poderes y la preeminencia del Poder Legislativo sobre el Poder Ejecutivo, la imposición de Santana, que rodeó con un batallón de soldados a la asamblea constituyente, hizo que se incluyera en el texto un artículo por el que se le daba al presidente de la República toda la potestad para disponer a su antojo sin ningún contrapeso institucional. En efecto, el artículo 210 expresaba lo siguiente: “…durante la guerra actual y mientras no esté firmada la paz, el Presidente de la República puede libremente organizar el ejército y armada, movilizar las guardias de la nación; pudiendo, en consecuencia, dar todas las órdenes, providencias y decretos que convengan, sin estar sujeto a responsabilidad alguna”.
La búsqueda de protectorados.
El rechazo exitoso, aunque arduo, de las tropas haitianas que cada cierto tiempo intentaban penetrar en el territorio dominicano, no fue óbice para que parte de la cúpula política siguiera procurando el favor de una potencia: Haití era vista como una amenaza. En 1846, el presidente Santana envió a Buenaventura Báez en misión diplomática ante los gobiernos de España, Francia e Inglaterra a fin de negociar el reconocimiento de la República Dominicana como estado independiente, a la vez de intentar lograr un tratado de protección con la potencia que más ventajas ofreciera. Si por el momento no se consiguió el objetivo deseado, sí se fomentó el que estas metrópolis, junto a los Estados Unidos de América, país al que también se recurrió en petición de apoyo, gravitaran fuertemente sobre la vida política de la nación.
Francia, Estados Unidos e Inglaterra fueron los que mostraron más interés por la oferta dominicana. En el caso de los dos primeros, la posibilidad de poseer la bahía y península de Samaná constituía el mayor aliciente. Inglaterra, en cambio, a fin de mantener o aumentar su nivel de intercambio comercial con la República Dominicana –afianzado con la firma del Tratado de reconocimiento, paz, amistad, comercio y navegación entre ambos estados en 1850– procuraba refrenar la influencia que los otros dos países pretendían ejercer (y por ende la obtención de Samaná). Su interés de que la República Dominicana no tuviera necesidad de agenciarse la protección de una gran potencia la llevó a intentar conseguir que Haití dejara de atacar por un tiempo a su vecino del este. Y, en efecto, entre 1851 y 1855, se gozó de una relativa tranquilidad.
Al considerar que todavía tenía derechos sobre la parte este de la isla de Santo Domingo, España se negó en principio a reconocer la independencia dominicana. Pero en 1855 tuvo que variar esta política. Los avances en las negociaciones de los Estados Unidos con el Gobierno dominicano para arrendar la Bahía de Samaná atentaban contra sus intereses marítimos en las Antillas, por lo que convino en firmar con la República Dominicana un Tratado de reconocimiento, paz, amistad, comercio, navegación y extradición (18 de febrero de 1855). Asimismo, envió ese mismo año un nuevo Cónsul a Santo Domingo, llamado Antonio María Valencia, cuya misión era dar apoyo político a todos los enemigos de Santana (que entonces era Presidente) y a los que se oponían al acuerdo con los Estados Unidos, inscribiéndolos como españoles y protegiéndolos de este modo de la persecución por parte del gobierno dominicano.
sábado, 21 de febrero de 2009
RECIBAMOS CON ALEGRIA EL MES DE LA PATRIA
Desde el 26 de enero al 27 de febrero celebramos el Mes de la Patria donde rendimos cultos a nuestros Padres de la Patria y a los símbolos que nos identifican como dominicano en el mundo.
Desde hace varios años, en nuestro país el 26 de enero, día del natalicio del patricio Juan Pablo Duarte, marca el inicio del Mes de la Patria, período en que se coloca en el nivel más alto la dominicanidad.
Durante este mes es celebrada la independencia de República Dominicana, por ello los colores blanco, azul y rojo, los símbolos patrios, el Himno Nacional, a la Bandera, el Escudo y los Padres de la Patria, copan el paisaje y aflora la cara más alegre de la idiosincrasia dominicana.
El día 26 de enero de 1813, nació Juan Pablo Duarte. En conmemoración de su natalicio y del Mes de la Patria, se celebran en el país diversos actos que incluyen enhestamiento de la bandera nacional en todos los recintos militares, escuelas, instituciones públicas y privadas.
En esta fecha es común que en los hogares se coloque la bandera frente a las casas como una señal de dominicanidad, además se realizan desfiles, misas, ofrendas florales, charlas y se disparan salvas de 21 cañonazos en honor a la memoria de los patriotas criollos.
En este período, también se lleva a cabo el Carnaval, que es una de las manifestaciones más importante de la cultura popular dominicana, por sus expresiones artísticas y por sus símbolos e imágenes que transforman la cotidianidad en una festividad colectiva llena de alegría y sátira, donde sobresale la música, el baile y la capacidad creadora del pueblo.
Durante todos los domingos del mes de febrero se llevan a cabo actividades carnavalescas en las calles de: La Vega, Montecristi, Puerto Plata, Bonao, Salcedo y Mao, (este con actividades también todos los sábados de febrero), y en la Capital se preparan comparsas en casi todos sus sectores.
La comunidad dominicana tradicionalmente inicia sus actividades conmemorativas al mes de la patria el 26 de enero, para recordar el natalicio de Juan Pablo Duarte.
Al recibir el mes de la Patria, el más importante de nuestro almanaque histórico, queremos compartir con ustedes el orgullo de ser dominicanos y el de juntos, continuar el sueño de la dominicanidad que se comenzó a ejecutar con La Trinitaria y culminó en La Puerta de la Misericordia, dando como fruto Nuestra Gloriosa Independencia Nacional, de la que éste año celebramos el 165 aniversario.
Demostremos el valor que tiene ser dominicanos/as y demos el ejemplo que aprendimos de tantos hombres y mujeres de coraje que con su sacrificio nos han permitido vivir en una de las democracias más sólidas de América y mantengamos siempre viva la esperanza del progreso de la tierra que nos vio nacer... nuestra República Dominicana
Desde hace varios años, en nuestro país el 26 de enero, día del natalicio del patricio Juan Pablo Duarte, marca el inicio del Mes de la Patria, período en que se coloca en el nivel más alto la dominicanidad.
Durante este mes es celebrada la independencia de República Dominicana, por ello los colores blanco, azul y rojo, los símbolos patrios, el Himno Nacional, a la Bandera, el Escudo y los Padres de la Patria, copan el paisaje y aflora la cara más alegre de la idiosincrasia dominicana.
El día 26 de enero de 1813, nació Juan Pablo Duarte. En conmemoración de su natalicio y del Mes de la Patria, se celebran en el país diversos actos que incluyen enhestamiento de la bandera nacional en todos los recintos militares, escuelas, instituciones públicas y privadas.
En esta fecha es común que en los hogares se coloque la bandera frente a las casas como una señal de dominicanidad, además se realizan desfiles, misas, ofrendas florales, charlas y se disparan salvas de 21 cañonazos en honor a la memoria de los patriotas criollos.
En este período, también se lleva a cabo el Carnaval, que es una de las manifestaciones más importante de la cultura popular dominicana, por sus expresiones artísticas y por sus símbolos e imágenes que transforman la cotidianidad en una festividad colectiva llena de alegría y sátira, donde sobresale la música, el baile y la capacidad creadora del pueblo.
Durante todos los domingos del mes de febrero se llevan a cabo actividades carnavalescas en las calles de: La Vega, Montecristi, Puerto Plata, Bonao, Salcedo y Mao, (este con actividades también todos los sábados de febrero), y en la Capital se preparan comparsas en casi todos sus sectores.
La comunidad dominicana tradicionalmente inicia sus actividades conmemorativas al mes de la patria el 26 de enero, para recordar el natalicio de Juan Pablo Duarte.
Al recibir el mes de la Patria, el más importante de nuestro almanaque histórico, queremos compartir con ustedes el orgullo de ser dominicanos y el de juntos, continuar el sueño de la dominicanidad que se comenzó a ejecutar con La Trinitaria y culminó en La Puerta de la Misericordia, dando como fruto Nuestra Gloriosa Independencia Nacional, de la que éste año celebramos el 165 aniversario.
Demostremos el valor que tiene ser dominicanos/as y demos el ejemplo que aprendimos de tantos hombres y mujeres de coraje que con su sacrificio nos han permitido vivir en una de las democracias más sólidas de América y mantengamos siempre viva la esperanza del progreso de la tierra que nos vio nacer... nuestra República Dominicana
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